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domingo, 28 de diciembre de 2008

Durante el otoño: El RCA 07. Reseña por Borja de Diego


Era un otoño hermoso. No llegaba a llover y nos sobrecogía el umbral del frío: como una primavera decadente que se hacía aguas, pero fresca. Era 2007. Un año antes, Iván Vergara había llegado a Sevilla con un bajo, ropa y sus cuadernos repletos de poesía. Y, por supuesto (algún día lo catalogarán como contrabando) muchas ganas. Iván Vergara conoció a otros poetas e hizo botellón. Fue compartiendo ideas y sueños consiguió sacar adelante el I Recital Chilango Andaluz. Si le preguntas cómo conoció a Javier Villaseñor, se le cambia el color de los ojos (su iris adquiere un matiz casi inapreciable, un levísimo brillo) y te cuenta que él repartía folletos anunciando el recital cuando lo vio y le dijo que él también era mexicano y poeta.


Con estas historias de encuentros, esta pequeña victoria, se empezó a preparar el segundo recital y, casi sin darnos cuenta, llegó el primer día, lunes, en la Carbonería. Carmen Parejo haciendo entrevistas por doquier, Sandra Carvajal en búsqueda y captura de los detalles cámara en mano, David Gallardo encargado del vídeo y un servidor intentando convencer a Eric Uribares de que era mejor grabar sus poemas (tarea de recopilación de información para la web) cuanto antes. Por supuesto, falló todo (hasta lo que no falló), pero ahí seguimos, y al día siguiente, tras frustrarnos la burocracia unas jornadas que había organizado, acabé tomando un café con los poetas del lunes.

Del martes creo que es mejor no hablar, porque uno de los pluscuamperfectos me amenazó de muerte si me atrevía a contar algo y fue tan violento y terrorífico que, a pesar de su muerte en el I Festival de Perfopoesía, prefiero no abrir la boca.

El miércoles en el Cachorro, dos grandes italianos y los poetas invitados (una selección de lujo: María Eloy-García, Iván Vergara, José Antonio Díaz Padilla, entre otros) nos transportaron a otra dimensión. La categoría de la sala El cachorro, sin menospreciar la Carbonería o la Arena de lucha libre, terminó de darle al recital categoría, nos convenció a todos de este proyecto.

El jueves nos vimos en el Platea, y mi claustrofobia se vio aliviada por la buena compañía de los muchos amigos que habían asistido las sesiones pasadas. Tras el show del Cangrejo Pistolero, los poetas trajeron la palabra, la poesía.

Finalmente, el viernes, todo cuanto nos había estado sucediendo terminó formando una espiral caótica que conseguimos domar. Iván Vergara se hizo cargo de la situación y fue dando paso a los últimos poetas. Después de todo esto, terminado el trabajo, se recogieron los materiales, cenamos (yo cené en la calle, queso, con una muchacha bonita y una guitarra, y conocí a un profesor de guitarra japonés que nos aseguraba que había estado a punto de conocer a John Lennon: olía a buen vino y tocó flamenco con nuestra acústica como lo habría hecho una leyenda).

Nos fuimos del Perro Andaluz, formando una comitiva de alegría y con un Javier Villaseñor que alternaba su vocación de mariachi con el Wish you were here. Nos arrastramos por la Alameda y sin saber cómo acabamos en el Urbano, hasta que nos rompió el amanecer.

Si me preguntan qué fue lo peor del II Recital Chilango Andaluz, lo tengo claro: un tinto de verano por el que me cobraron dos euros

Borja de Diego

sábado, 27 de diciembre de 2008

Reseña, por Carmen Camacho.

Recital Chilango Andaluz 2007.

Estar, estar en un lugar, en un acontecimiento -en el Chilango Andaluz, por ejemplo-, es a veces sobre-estar; en ocasiones, es más bien sub-estar. En todo caso, siempre que ‘estamos’ permanecemos de un modo propio, ocupamos un lugar, allí ponemos nuestra consciencia y nuestra conciencia, así no se enjuicie a nada ni a nadie.

‘Estar’ debería dejar de ser un verbo intransitivo. Definitivamente. Muchas veces noto que necesita de un complemento directo, como lo puede tener el verbo ‘decir’ o el verbo ‘amar’. Ojalá algún día, no lejano, ‘estar’ se despierte y sea, además de irregular, un poquito transitivo. Sería una buena manera de eliminar, o conjugar, tantas parcialidades.

Digo todo esto y lo digo en relación con la 2ª Edición del Recital de Poesía Chilango Andaluz porque -debo confesar- no estuve entera, enteramente, ni aún en los días que acudí a los recitales. Hay ocasiones en que la consciencia se vuelca entera en las palabras, hay otras veces (en esta ocasión me sucedió) en que repartí mi atención entre los amigos, los encuentros, los hallazgos, las otras artes, el aguzar, sacar la oreja, el hambre, otra cerveza, el observar el trabajo y la presencia de algunas personas. Estoy pensando en Sandra Carvajal, toda ella era ganas. Ese empeño de ella era tan valioso, que a veces, lo siento muchísimo, perdí algún verso mirándola.

Trato desde esta parcialidad manifiesta, por tanto, de expresar con las mejores palabras lo que vi y escuché el lunes 22 y el miércoles 24 en la Carbonería y en la Sala El Cachorro. Va a medias, pues, esta breve reseña, de partida. Y de salida.

LUNES, 22 DE OCTUBRE DE 2007. LA CARBONERÍA.

El lunes 22, en la sala grande de la Carbonería, aquella de los taconeos a pares, la barra fue creciéndose de gestos que conozco. Gestos de gentes de la poesía y de otros ambientes aledaños. Poco a poco. La gente justa para un recital es la que tiene disposición para escuchar, así que estábamos los justos, incluso algunos pecadores. Me interesan los públicos que suele ser tan relevantes como el poeta, al menos para aquellos que creen en la necesidad de comunicación (que de eso se trata, sencillamente, el resto de efectismos, seguro, sobran). No hablo de público letradísimo, hablo más bien de quien se presta y se abre y escucha. Conforme fueron pasando los minutos, al público curioso, atento, se fue sumando el despiste de algún turista, que allí estaba y al que vi, en algún pasaje, extasiado.

Funcionaba pues, la voz humana de los poetas.

Iván Vergara anduvo a las máquinas, con ordenadores y trastos de esos, complicadísimos. Qué valor. Debieran dar con esos cacharros un vale por una noche fantástica, estrellada.

Los poetas. Mezcladamente, chilangos y andaluces, pusieron su letra en alto, no me cabe duda. Cayeron graves, muchas de ellas; cada poeta a su manera, que de eso se trata. Ahí anduvieron finos los organizadores, en aquello de seleccionar a los autores por su voz. Hablo de la voz poética, no de la otra, la física, que un poeta la que necesita de verdad es la primera. Destaco el cuidado, transmitido hasta en la forma de coger el libro, que tuvo Raúl Díaz Rosales. Horas después se escuchaba entre los públicos, ya cerveceados, que ‘Raúl estuvo dentro, se metió en el poema’, y eso llega. Del mimo en la palabra también anduvo amplio el mexicano Moisés Villaseñor, llegado desde Salamanca sólo –casi nada- para esto, para darse a leer. Eric Uribares, vuelvo a confesarme, se me escapó, cosa de la que me alegro. Y me explico: a causa de mi despiste en ese momento le he pedido a Iván Vergara que me pasara algunos versos de Uribares de contrabando. Los acabo de disfrutar, esa es la palabra.

Tengo que destacar, por el peso de la palabra –al contrario que con las cosas, las palabras que más pesan, vuelan, se alzan, es increíble…- la lectura realizada por tres miembros del colectivo La Palabra Itinerante. David Eloy Rodríguez, José María Gómez Valeroy David Franco pusieron sobre el escenario poemas (suyos y de otros poetas) incluidos en el Once Poetas Críticos de la Poesía Española Reciente (Baile del Sol, 2007). La singladura de los Once opera así, a pelo, esta vez sin micros, claros y como con las manos subiendo palabras (como si acaso hiciera falta). Frente al ‘Laburo Nero’ y otros engaños, poemas, poemas explicados de viva voz. No dejo de pensarlo, eso, que las palabras que más pesan, se alzan, es increíble…

No me olvido de Manuel González Mairena, poeta de Huelva, parte del grupo Chichimeca, que trajo en las palabras metidas en cariño, como quien las meti¡era en manteca. ¿O era, acaso, cariño metido en palabras, palabras-kinder, cosa así? No sé. Él, que tiene ganas y por eso todo lo puede, dio lo mejor de sí.

No me puedo olvidar de Francisco Lira, que prestó La Carbonería esa noche a poetas chilangos y andaluces. Anduvo entre la gente como acostumbra, atento, en todas sus acepciones. A la salida siempre queda él o, de pronto, desaparece. Esta noche saluda, y sin decir dice algo. Y lo dicho con la atención, en silencio, cómo no, siempre es digno de mención.

El camarero de la barra me invitó a otro botellín.

MIÉRCOLES, 24 DE OCTUBRE. SALA EL CACHORRO

El miércoles 24, llegué tarde y bien. La ensaladilla rusa, soviética quizás, del bar de enfrente tardaba. Me perdí, por un ‘no sólo de palabras vive el hombre, aunque algunas veces se las tenga que tragar’ la intervención de varios poetas. La Sala El Cachorro se presta a los encuentros, después de presenciar allí el ciclo Poesía en Resistencia (allá por 2005) no me cabe la menor duda. Esta vez me esperaba el encuentro con María Eloy García, con quien mantenía contacto desde hace tiempo gracias a las proezas del offset y del ADSL. Allí estaba. Más cerveza. Conversaciones con Borja de Diego, fuera. Lo sentí contento y algo cansado (la poesía ¿es labor? Esta vez sí). Conmigo –yo con él- estaba Nacho Montoto, que ese día no recitaba, y no por eso, se vino de vacío: Nacho traía consigo una conversación estupenda y el Arde Abril de Ángela Jiménez, editado por el Colectivo Caín.

Llegué tarde, decía, pero a tiempo para escuchar el hallazgo: José Antonio Padilla Pérez. No está bien comparar, está claro, pero de nuevo las palabras pesaban, y pesaban con una caída que nos recordó a más de uno a Benito del Pliego. En el peso, sobre todo –de nuevo palabras al alza- en la calidad de lo que se dice y queda.

Merece cuenta atrás, hasta llegar a cero, los aforismos de Padilla, a la altura de los que soltó Ory, o Ramón, o Porchia. Un rato más tarde hablamos de ello, con mirada larga al botellín de cerveza y de nuevo una nueva idea, un nuevo autor, un cúmulo, un placer, la poesía y el trato con el poeta.

Iván Vergara. He podido leer en varias ocasiones a Iván. Leerle es grato, tiene la palabra y la utiliza con la propiedad de quien teje, hila o siembra. Eso mismo pudo verse en El Cachorro, palabras de poeta, que, en estas circunstancias, es lo que más importa –dar la vuelta a la letra, y allí-.

Acabo con María Eloy García, que cerró la noche con la declamación que sólo ella. La puesta en pie de las palabras de María es peculiarísima, sólo de ella, de allí las faldas levantadas. Tras ella no cabe duda: el interés de transmitir, de comunicar, va más allá de las palabras. Al rato, más tarde, tras los aplausos, María sigue, eterna, mirando por el ojo patio. Su mundo atañe a las cajeras, al nervio interpretativo y a los botellines de cerveza. Vuelve a dar un trago y gesticula así, contándole algo a Padilla, luego ríe con Antonio Barquero. Queda la escena atrás, avanzo rápida calle castilla adelante con la cara de quien ha tenido encuentros y hallazgos que alivien la ignorancia. Y ensaladilla rusa trasnochada (otra más). Contra los ataques incontrolados de todo lo que tenga su salsa.

Carmen Camacho.
http://www.carmencamacho.net/

lunes, 15 de diciembre de 2008

Carmen Camacho

Nace en Alcaudete (Jaén) en 1976.

Vivescribe en Sevilla.

Ha publicado dos poemarios, Arrojada y 777.

Su obra está recogida en varias antologías de España, México, Chile y Perú, así como en diversas revistas de creación nacionales e internacionales.

Interesada en la acción poética y la expresión cultural, ha realizado lecturas e intervenciones en múltiples encuentros, ciclos y festivales de poesía y arte.


Forma parte del consejo editor de la revista Centro de Poesía José Hierro (Madrid) y ejerce labor de crítica literaria en Renacimiento y Puerto.

En 2006 realizó y presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México) la antología Diez Poetas Jóvenes desde Andalucía, editada por la Universidad Nacional Autónoma de México. (www.carmencamacho.net).



Volví asqueada la espalda

al sonido de su lápiz cuando anota

al margen de los versos

consagrados;

a la cerilla consumida

y atrapada por la luz

de neón blanco

de carne blanda

de lengua tosca

si lame,

si besa.

Para colmo,

dormí destapada.

Aquella noche

-sola ante el mundo y el lavabo-

deseé

a todos los imbéciles

menores de veinticinco.

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