El poema como un artefacto, como una herramienta para
desactivar el lenguaje y los pequeños animales que lo acompañan. En los textos
de Luis Eduardo García y de Víctor Peña Dacosta encontramos diversas
posibilidades para repensar y rearticular los discursos del poder, del arte, de
la literatura y de la cultura pop.
Necesito
más sexo y edificios en llamas (o Los poemas contemplativos son instrumentos de
explotación)
No quiero mirar una pradera
amarillenta
y luego el rostro imperturbable de una joven
(demasiado gorda para formar parte de un poema)
y luego el rostro imperturbable de una joven
(demasiado gorda para formar parte de un poema)
durante diez minutos.
La particular manera en que la
luz golpea
todos los objetos me tiene sin
cuidado.
¿Qué quiere decir con la
estructura de los versos?
¿Que el yo lírico esté cargado a la izquierda significa que hay un espacio de
¿Que el yo lírico esté cargado a la izquierda significa que hay un espacio de
negatividad
que representa la belleza ausente?
¿El paisaje áspero se vuelve, en efecto, un personaje por sí mismo?
¿El paisaje áspero se vuelve, en efecto, un personaje por sí mismo?
Puedo adivinarlo todo, perezoso amigo
pero tendrás que pagar por mi trabajo.
pero tendrás que pagar por mi trabajo.
Los
astros sólo quieren bailar el vals
Después de siglos de incertidumbre, los humanos descubrieron que su propósito en el
mundo era construir máquinas que los libraran del trabajo.
Las máquinas, por su parte, no tardaron en comprender que
tendrían que encontrar un método para controlar a las plantas, con el fin de
sacudirse la opresión de los humanos.
Un grupo de plantas rebeldes drogaron a los ñus, para que al
comerlos, los grandes felinos enloquecieran y atacaran a humanos y máquinas por
igual.
Cansados, los grandes felinos miraron al cielo y elevaron una
plegaria esperando que los astros lanzaran un rayo de muerte sobre la Tierra.
Los astros, como siempre, sólo quisieron bailar el vals.
Su
teoría ha detectado un problema y debe cerrarse
Ayer quise escribir un poema
llamado “Las margaritas mutantes de Fukushima”
justo antes de dormir.
Me mordió la música
y luego la imagen
capaz de construir cientos de
escenarios
poblados con belleza deforme
y peligrosa. Una metáfora
perfecta
de la poesía (pensé).
Tenía ya la estructura del
texto cuando descubrí que su extrañeza no se debía a la
radiactividad
sino
una condición del crecimiento llamada fasciación, por la que el meristema
apical del tallo se alarga de forma perpendicular en vez de crecer en un solo
punto para generar las habituales formas circulares.
Entonces
todo se arruinó.
Quizás hay ciertas cosas de
las cuales es mejor no escribir
porque no dan para tanto
o las metáforas son máquinas
inservibles.
Sólo sé que ahora mismo
las margaritas mutantes de
Fukushima escriben un poema
y encuentran justamente lo
que quieren decir.
Lo
que queda de la poesía
(Estudio realizado por
investigadores de la Universidad de Iowa)
Drenamos el estanque y había frutas de plástico, un jaguar
muerto y joyería barata para satisfacer la demanda navideña de Moldavia durante
dos décadas.
Varias cajitas musicales estaban atrapadas entre algas, pero
aún funcionaban.
Una sirena pelirroja nos habló de Jesucristo mientras
trabajábamos, pero todo resultó ser una performance racista.
Llenamos ochenta bolsas negras con esqueletos de peces,
envases de plástico y condones usados.
Tres ancianos reportados como perdidos vivían al fondo, en
una cápsula.
Al acercarnos, uno de ellos puso una hoja de papel contra el
vidrio. Podía leerse: “Los investigadores de la Universidad de Arkansas
estuvieron aquí antes”.
Obtuvimos cien dólares de la venta de los envases y las
cajitas musicales. Los apostamos a una estrella fugaz llamada tiroloco.
John Berryman está listo para amarnos
Noviembre de 2048
El destacado investigador australiano Norman Niedecker logra
trasladar la esencia de John
Berryman a una
súper computadora. La
extraordinaria tarea puede realizarse gracias al ADN
proveniente de un pegajoso caramelo de mantequilla encontrado en uno de los
abrigos del poeta.
Febrero de 2049
Luego de meses de trabajo exhaustivo, Niedecker consigue
comprimir la esencia de
Berryman y posteriormente la convierte a un formato
funcional.
Mayo de 2049
Aquejado por las deudas, Niedecker firma un contrato
exclusivo con una gigantesca compañía japonesa. En el documento cede por
completo los derechos de su investigación.
Octubre de 2051
Bandai anuncia lo que será su nueva mascota virtual: Poetchi.
La presentación muestra al Poetchi recitando poemas eróticos
en dieciséis idiomas distintos, poniendo huevos virtuales, y elaborando
complicados ensayos académicos.
Noviembre de 2051
La preventa del Poetchi es un éxito en 62 de los 81 países en
los que se lleva a cabo.
Diciembre de 2051
Se presentan algunos reportes de Poetchis que susurran algo
llamado la “Canción del sueño número 13” aun estando apagados.
Los ocho millones de Poetchis vendidos mueren dos días
después de la navidad. Todos se rehusaron definitivamente a dormir y comer.
El equipo de pruebas del Poetchi es despedido.
Enero de 2052
Norman Niedecker se lanza de un puente en Sidney.
Luis Eduardo García nació en
Guadalajara, México, en 1984. Publicó La
música alejándose (ICA, 2009), Pájaros
Lanzallamas (Tierra Adentro, 2011), Dos
estudios a partir de la descomposición de Marcus Rothkowitz (Fondo
Editorial Tierra Adentro, 2012), Instrucciones
para destruir mantarrayas (Filodecaballos, 2014), Una máquina que drena lo celeste (Zindo & Gafuri, Buenos Aires,
2014) y Sentencias sobre arte conceptual.
Versión con bacterias (Palacio de la fatalidad, 2015). Mantiene el blog http://pajaroslanzallamas.blogspot.mx/ y organiza el proyecto de modificación de textos http://poemastuneados.tumblr.com/
Víctor
Peña Dacosta.
Si esto es un hombre
Yo siempre he sido el niño que se aguanta la risa
en el segundo banco de la iglesia
antes de engullir la hostia consagrada.
Un subdelegado votado medio en broma
que reclama imparcialidad ante los exámenes.
Siempre he sido la mancha en la pared
con complejo de rueda de repuesto.
El bufón llorando en el entierro de un amigo.
Yo soy aquel que por las noches te describe.
Ya sobreviví a mi propio holocausto.
Confieso que escribo en verso por pura pereza.
Mientras contemplo desde arriba
el rítmico movimiento
de tu cabeza sobre mi sexo,
siento, sobre todo (¿eso?, ¿ves?, ahora),
cuando te acercas y te alejas
(así, ahora, ¿ves?), sobre todo, el roce
de tu flequillo en mi cadera.
Es curioso y casi tierno
que esto sea (¿ves?, esto, ahora)
lo más cercano a una caricia
que he tenido en mucho tiempo.
Apenas
soy algo: un hueco repleto
de
vacíos que se llena con nada.
Poco
más de metro y medio: una clienta
exigente,
una fiera en la cama, una
cuenta
corriente de visa cansada
que
procura no meterse en más líos.
No
soy nada: apenas tuya en los ratos
que
no soy de otro, solo yo en tus labios
y
nunca en mi alma; más mía que nada,
tan
mía como de nadie y de todos.
Un
unicornio que embiste el tiovivo.
Una
señora, un poco cría, un sinsentido
que envejece a
pierna cambiada
y ahorra la mitad
de lo que gana
para invertirlo
en mapas y libros.
No
soy nada, ya lo he dicho:
una
niña que se hace dura o blanda
cuando
llama a casa cada semana
y,
pase lo que pase y caiga quien caiga,
siempre
tiene los pies fríos.
Soy lo
que soy. Ni mucho ni poco.
Suficiente
para meteros
a
todos vosotros en líos.
Los hospitales se parecen demasiado a los hospitales
y las medicinas
apestan más de la cuenta a medicina
como para no
darse cuenta de que la cosa va en serio,
que estamos cada
vez más viejos, más feos y más tontos.
Es un hecho
plausible, una evidencia tan incontestable
que hasta los
demás, que nunca destacaron por su inteligencia,
lo notan. Y no
nos sirve de consuelo que no tengan fuerzas
ni para reírse,
porque tampoco queremos que esos memos
nos compadezcan
desde sus cómodos balcones de mierda.
Si se juntaran
los millones de parados que hay en este país,
podrían hacer por
fin la revolución que necesitamos,
arrancarían las
cabezas pertinentes, que llevan tres siglos
de más sobre los
mismos hombros con distintos collares.
Pero se quedan en
casa lamiéndose las heridas y viendo telebasura
hasta que reúnen
valor para tirarse por la ventana, cortarse
las venas o
colgarse como chorizos de la cuerda de tender los calcetines.
No hay libertad
de expresión en España, no hay democracia,
nunca ponen nada
decente en la tele, joder, y yo pago mis impuestos,
hostia, pago como
un cerdo para que al menos echen alguna
vez una película
decente, sodomicen al ministro de Empleo
en primetime o televisen de una puta vez el
aeróbic
de supermodelos
por las mañanas.
En fin, me temo
que nos hemos quedado con cara
de tontos y sin
huevos, y que, en definitiva,
se nos está yendo
todo al carajo. Qué vamos
a hacerle si la
filosofía acabó convertida en síndrome
y hasta los niños
van a dejar de dar por culo
con la flautita
gracias a la última reforma educativa.
Atención, spoiler: al final tus padres y tus
amigos
y la compañera
del instituto que siempre soñaste
que te la chupaba
se acaban muriendo y tú te quedas calvo.
No falla: las
cosas acaban saliendo mal con precisión quirúrgica
de cirujano
barato que te deja las tetas bizcas pero gordas
y hay que
conformarse con lo hecho y apechugar y tirar para delante
y abrir otra
cerveza y decir, joder, nunca ponen nada en la tele,
alguien debería
levantarse y hacer algo de una vez.
Antes de que sea
demasiado tarde.
Tú antes molabas.
Bart Simpson
No
quiero ser duro contigo,
que
bastante tienes con lo que tienes.
Mírate,
esto no era lo pactado:
eres
la publicidad engañosa
de lo
que yo prometía. El reverso
caducado
de una tapa dorada.
Eres
Kennedy y Zapatero.
El
casi pero al final no.
Eres
la alergia de la primavera,
una
oferta que sale cara.
El
delirio sin aires de grandeza.
Eres
la realidad tras la esperanza,
la
resaca de las celebraciones
y las
agujetas del sexo
mediocremente
salvaje.
Eres
Rod Stewart.
Guti.
Obama.
Tao
Lin.
Eres
peor que los Strokes.
Pero
no quiero ser duro contigo.
Solo
quería despedirme:
no te
veré pagar una hipoteca
ni
ponerte (aún) más gordo.
No
veré cómo te casas y te largas
de
luna de miel a un infierno carísimo.
No
veré cómo te compras un coche
y
malvendes tus discos de vinilo.
No te
veré caer en el voto útil
ni en
las rebajas de Ikea.
No
pasaré la vergüenza
de
oírte blasfemar pidiendo
una
cerveza sin alcohol.
No te
veré morir.
Víctor Peña Dacosta.
Victor Peña Dacosta
(Plasencia,1985), licenciado en FilologíaHispánica por la Universidad
deSalamanca, actualmente es profesoren un instituto de Sevilla. En 2014 publicó
una colección de haikus dentro de la Colección 3x3 de la Editora Regional de Extremadura,
fue incluido dentro de la antologíaDiva de mierda de Ediciones
Liliputienses y en diciembre
de 2014 ha salido publicado en La
Isla de Siltolá su primer
poemario, La huida hacia
delante. También es letrista
del inexistente grupo de rock Un
Hombre Exquisito.
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