Les compartimos un par de poemas:
“Poemas de Gijón”
José Miguel Lecumberri
1. “Tu ausencia me habita”
La avenida que transito al subir hasta el parque se ilumina con tu ausencia,
entretejida con la tenue luz otoñal que escurre desde las ramas de los laureles
[como un suspiro del ocaso
como los brazos de ninfas melancólicas que encuentran en la carne un frágil alcázar
[para refugiarse del olvido,
tu recuerdo se posa en las jardineras y me contempla desde un rincón de lo imposible
donde la noche va a morir asediada por luceros;
un rumor de hojas como secretos que la brisa dice al oído de los enamorados
para evitar el veneno de ciertas miradas que hieren, seducidas por el vacío,
donde las caricias se silencian como gorriones asfixiados en su propio canto,
un temblor de astros donde la oscuridad nos consume como un incendio,
el silencio que ciertas palabras provocan, donde el corazón
[y la soledad entrelazan sus latidos
para recibir los pétalos del tiempo, donde los sueños se intoxican de realidad;
A veces te vislumbro en el resplandor que proyecta un copo de nieve al descender
o en el dulce oscurecimiento de las nubes cuando la noche se erige triunfante
[sobre la piedra tallada de las antiguas edificaciones.
A veces mi alma es la ruina de tu recuerdo y mis ojos son como murallas insomnes
[que el musgo subyuga,
A veces tu respiración se siente adentro de mi pecho como un aleteo de luciérnagas
[sombrías,
la suavidad de tus manos recorre tiernamente mi cuello como el presentimiento de una
[tragedia,
en mis labios, por un instante, se posa tu exquisito perfume como unción sagrada
y las lágrimas son la única actitud que este amor puede tomar para huir de ti.
2. “El Gran Debajo”
Algo inexorable habita esta bruma que contemplo como a una anémica marea
[cauterizando mi sangre,
la brisa levanta la yerba que reposa bajo la húmeda roca, como exhumando
[todo lo muerto que se oculta en mi vida,
entonces un frío se enciende en mi garganta y como un arabesco llamea en profundo
[silencio;
te aguardo bajo la lóbrega cúpula de una higuera, mientras la lluvia me
[encierra en el fondo de la tarde
y el albor es sólo la carroña de la que aún se alimentan los tejados distantes.
La terca repetición de las olas sobre la parda calavera le hace cicatrices al infinito
[que sólo en la carne sería capaces de curar,
la luna babea cristales que vuelan hacia dentro del océano como peces iluminados por
[su angustia,
como caricias perdidas en el laberinto que llamamos amor
en el barro que los dioses llamaron lengua para moldear tu cuerpo tendido sobre un
[temblor de estrellas,
como húmeda yesca que consume la chispa, tus ojos oscuros me iluminan
y el estremecimiento que precede a la tormenta se diluye en los movimientos de tu pelo
como marejada de la flor que flota sobre el abismo buscando su nido de
[sombras.
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