Aún vive en esa ciudad y quizá no pueda vivir en otra parte.
En la Universidad Nacional Autónoma de México cursó sus estudios de licenciatura y maestría en Letras.
En su primera tesis trabajó el movimiento de vanguardia mexicana llamada Estridentismo, mientras que en la segunda estudia a una importante escritora mexicana de la generación de Medio Siglo: Inés Arredondo.
Escribe poesía desde hace muchos años, la cual ha sido publicada en algunas revistas electrónicas.
El silencio, roído en entremeses
por sus esquinas menos ateridas,
estuvo incólume entre los dos
y cortante,
pero fiel reflejo de tu mirada depuesta
y de mi deseo sin amparo y cuidado.
Había lluvia cayendo atrás de tu silueta,
formando mares cautos que en esa isla
naufragados nos dejaron.
Ni sonrisas ni denuedos,
sólo un ceñudo rostro plomizo y encabilado.
Qué había más allá del momento que estallaba;
qué preciso mecanismo se rompía
en ese instante
y nos dejaba, estáticos,
a los dos arrojados
en ese acaecer
de nubes y de puentes,
pero no de milagros.
Ni había más que explanada
sin jardines ni huertos.
Y en realidad todo era un juego
y entre los dos
lo olvidamos.
Y aquí empieza la historia:
Mañana es la promesa,
mañana es lo que cae del dosel a la puerta
y te engulle los pies cuando en la oscuridad
hacia el lecho avanzas y desciendes;
es la promesa, que de tiempo en tiempo, se fue acumulando
de encuentros que se rompían
en el estupor sucedáneo y la timidez continente.
Y parece que sigue el momento que pasa,
pero sigo adelante y tú atrás no me sigues.
Qué más da que salgas a la luz,
si la luz se ha perdido.
A dónde levantas la mirada, espejo de paredes convexas,
si los dos ya sabemos, en esta hora silente,
que más allá no hay nada.
Y de regreso, y de regreso
retrocedes.

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