Sus poemas se le adjudican a su homónimo Andrei Vásquez, diseñador gráfico, reseñista y narrador nacido en Oaxaca, Oaxaca, en 1982; formado en la Escuela Nacional de Artes Plásticas y miembro del Turno 1440.Sin embargo, en fechas recientes él mismo ha divulgado que alguien, aprovechándose de la ambigüedad de los nuevos tiempos, intenta difamarlo con esos versos.
No se ha especulado casi nada, pero el autor podría ser Iñaki Valderrama, un ágrafo amigo personal y cómplice de tragos, en confabulación con otros parroquianos.
Shuffle 01
Andrei recuerda un domingo frío
haber leído ese nombre en la bandeja de entrada.
Era agosto y en su nariz se alojaba la humedad del mundo,
el moho que en silencio nos cubría
y milimétricamente nos venía sepultando.
Y en sus ojos, la luz de la pantalla que apenas amanecía.
Sin razón para pensar en el clima,
aquel mensaje lo sacó a la calle a ver el día.
El aire le leía ese nombre,
a cada esfuerzo, a cada palpitación, a cada persona dejada atrás en el camino,
el ritmo de sus pasos replicaba el otro imaginario
y adentro una burbuja brotaba del esófago,
un trazo lejano, borrado con el tacto.
Señal pidiendo acceso a sus pensamientos,
no simulaciones, ni virus,
ni palabras aventadas al aire atormentado,
ese nombre, una persona,
era voz matizada por el tiempo,
era lunares en el viento dibujándose,
mostrándose alegre en el ensueño,
y fue hacia ella.
Sus desplazamientos sin motivación
en una ciudad sin descripciones precisas,
escondían el sentido en su cabello.
Contenida en piel blanca escalofrío
pensaba diluyéndose a sí misma entre sus piernas
nebulosa siempre en su mirada
sublimándose en caricia marítima y lozana.
En su olor, toda la violencia del ser humano era un mediocre efecto secundario.
Se dejó llevar, entonces,
de nueva cuenta en el misterio sepultado con años,
oculto en una tela raída por los cantos.
Desasados, después de leer sus nombres en la bandeja de entrada
la vida comenzaba a continuarse a sus espaldas.

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