lunes, 22 de diciembre de 2008

Eduardo Chivite

Eduardo Chivite Tortosa (Córdoba, 1976).

Profesor de la Escuela Superior de Arte Dramático de Sevilla.

Licenciado en Filología Hispánica por la UCO, y en Escenografía por la ESAD de Córdoba. En la actualidad realiza su Tesis Doctoral.

Incluido en la antología Edad Presente (Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2003).

Promotor cultural junto a Juan Antonio Bernier del ciclo Las Noches poéticas del Can Can (temporada 98-99), desde la editorial independiente Un Papel en el Agua; y junto a Miguel Gómez Losada del ciclo Agujas de Pino (temporada 2005-06).

Autor de la obra Sharaija murió con trece años (La Bella Varsovia, Córdoba, 2007) y responsable de la antología poética Sátira contra la mala poesía (1554-1610), en Berenice, ambos en prensa.



Las hermosas


En las mujeres marinas se confunden las curvas con las olas. Son redondas, rítmicas, hipnóticas. Nunca terminan de llegar hasta la orilla. Se vuelven sin notarse hacia la mar. Hay mujeres árbol, garza, mujeres valle, montañosas o nevadas. Pero no hay nada más hermoso que las mujeres etéreas, celestes, astrales, o que vuelan. Algunas mujeres etéreas no son sino en el fondo mujeres junco, cometa, o azafatas.

Mónica era una mujer marina y tempestuosa, tormenta, maremoto, que quedaba en calma, centelleante y grisácea. He soñado una mujer espuma contra los arrecifes, espumosa entre los coralinos, coloreada por bancos de medusas.
Conozco una mujer etérea, tanto, que es casi volátil. Se escapa entre los dedos y te deja hincado en la tierra, mirándola en su vuelo.

Lo malo es, que para diferenciar a las mujeres hay que desnudarlas totalmente y ponerlas en contraste sobre un blanco puro, y eso cansa.

(En Edad presente, Sevilla,
Fundación José Manuel Lara, 2003

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